EN BUSCA DE LA IDENTIDAD PERDIDA...
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¿Ha estrenado algo nuevo alguna vez? Todos lo hemos hecho. La ilusión que se mantiene en nuestro interior cuando algo nos agrada y nos lleva a la
emoción de adquirir-lo para ser de nuestra propiedad es un sentimiento que a todos nos gusta experimentar. Lo nuevo es atractivo. Lo nuevo produce
un imán que nos atrae. Nuevo es aquello que está recién hecho o fabricado. Nuevo es aquello que vemos o escuchamos por primera vez. Nuevo es
todo aquello distinto de lo que antes se había aprendido o se tenía en po-sesión. Nuevo es el corazón que Jesús ha dado a nuestra vida luego de
haber aceptado el sacrificio hecho en la cruz.
Cuando se habló anteriormente de la restauración hecha por Jesucristo se hizo hincapié que este acto de Misericordia sobre nuestra vida era la puerta
de entrada a toda una nueva experiencia de vida. Si bien físicamente nos es imposible percibir un cambio, en nuestro interior ha ocurrido una
transformación total que da paso a una nueva persona que espera desarrollarse dentro nuestro.
JUAN 17:4 Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera.
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El pueblo de Dios ha ido cedieno terreno al enemigo. La batalla por las almas de las personas cada día se
convierte en una lucha más complicada de librar, no por falta de recursos sino por no aprovechar los mismos.
La mayor dificultad que se puede observar hoy día es como miles de cristianos se han conformado con ser
salvos sin tener real conocimiento y entendmiento de su nueva posición como Hijos de Dios. Se hace necesario,
por lo tanto, una recuperación de identidad. Saber quiénes somos nos llevará a ejecutar y vivir conforme a lo que
Dios espera y a planeado para nuestras vidas.
2CORINTIOS 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son
hechas nuevas.
Cuando se observa este pasaje se puede determinar que lo realizado por Jesús en nuestras vidas es de suma
trascendencia. No se trata de haber hecho un arreglo en nuestro corazón. No fue una reparación de último
momento. Se trata de algo totalmente nuevo que nos fue otorgado. El regalo brindado por Jesús a nuestras vidas no
consistió únicamente en el pasaporte visado al cielo, sino en un nuevo corazón, una nueva naturaleza que nos
permite ahora disfrutar en esta vida de los beneficios de ser agradable a Dios en todo lo que hacemos. Nuestra vida
en armonía con Dios está limitada a una vida agradable a Él. En repetidas ocasiones se nos hace ver que sólo en
Santidad podremos tener comunión con él. Sin embargo, es tal el interés que Dios tiene por intimar con nosotros que
se ha encargado por su propia cuenta de hacer lo necesario para proveernos de la capacidad de vivir conforme a
su voluntad. Observe lo dicho por él en el libro de Ezequiel.
EZEQUIEL 36:26-27: Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra
y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis
ordenanzas.
¿No le parece maravilloso? Dios se encarga de hacer lo que nosotros somos incapaces de lograr. Por muy buenas intensiones y deseos que
cualquiera pudiera manifestar por vivir en los planes y voluntad de Él, somos incapaces de hacerlo por nuestros propios méritos. Nuestra naturaleza
original está enfocada al mal, inclinada hacia el pecado y orientada a la desobediencia. Es por ello que se hace necesario que en nuestra vida sea
depositada una nueva naturaleza, una naturaleza que tenga no solamente la intensión sino la capacidad suficiente para vivir en los planes de Dios, no
solamente en el cumplimiento de los estatutos sino en el desarrollo completo de nuestro potencial. Esa fue la obra realizada por Jesucristo: Otorgarnos
ese nuevo corazón, brindarnos gratuitamente el regalo de la nueva naturaleza que ahora nos permite vivir en armonía con DIOS. El entendimiento y
reafirmación en nuestro corazón de esta verdad es indispensable para que podamos comprender que nuestra identidad no está regida en base a lo
que nuestro pasado a realizado, sino en base a lo que Jesús ha hecho en la Cruz y ahora nos ha otorgado para poderlo vivir.
Nuestra naturaleza nueva debe desarrollarse en el diario vivir. Es importante que entendamos que, si bien hemos sido dotados de un nuevo corazón y
con ello de una nueva naturaleza es responsabilidad de cada uno de nosotros el utilizarlos y alimentarlos de manera que se vuelvan robustos y nuestro
exterior vaya reflejando los cambios internos que Dios ha hecho. Acá es donde se hace útil y necesario que se repase con detenimiento los efectos de
esta nueva naturaleza en nuestra vida. Pues al igual que cualquier bien nuevo que adquiramos se debe utilizar para que justifique su adquisición. De tal
manera que, cuando Jesucristo le otorga ese nuevo corazón que lleva implícita su nueva naturaleza en nuestra vida ha surgido la capacidad de tener
una renovación total en:
Pensamientos.
Los pensamientos constituyen el origen de todo cuanto observamos. La “primera creación” de nuestras acciones es realizada en el laboratorio de
nuestra mente y es acá el primer lugar de cambio que debemos generar para que todo cuanto hagamos, digamos y en general vivamos sea acorde a
los planes de Dios.
ROMANOS 12:2 Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renova-ción de vuestra
mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.
Encaminarnos a reafirmar la identidad correcta que tenemos en Cristo implica una renovación total en
nuestra forma de pensar y percibir lo que nos rodea. Nuestra mente tiene que estar abierta a una
transformación total de pensamientos en la cual identifiquemos en cada situación y medio que nos rodea
una oportunidad para dar gloria a Dios por medio de lo que decidiremos hacer.
Emociones.
Nuestra naturaleza inicial está inclinada hacia una “justicia” que ronda muy de cerca con el límite de la
venganza. El amor que pretende brindar nuestro ser por naturaleza es del tipo interesado, pues sólo se otorga
cuando hay un beneficio que se pueda recibir a cambio. Otorgar perdón a otros es negado bajo el escudo del
orgullo que se limita a guardar en un cofre de rencor la ofensa recibida. Todo esto nos conduce a la inevitable
verdad que nuestro corazón “natural” está totalmente lejos de llegar a tener sentimientos y emociones conforme
a lo que Dios espera. Pero ahora que hemos recibido con gratitud y necesidad el sacrificio de Jesús y nos
hemos apropiado de esta nueva naturaleza las cosas pueden ser distintas en la medida que se lleve a la
práctica en obediencia los manda-tos de Dios.
FILIPENSES 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
La indicación de Pablo a los filipenses está orientada hacia una imitación en nuestros sentimientos y emociones de la persona de Jesús. En esta
identificación que logremos de nuestra identidad con la de Jesús mismo podremos ir desarrollando las actitudes correctas y necesarias que de nuestro
corazón se pide para transmitir a otros los sentimientos de paz, amor y perdón que Jesús mismo nos otorga a nosotros diariamente.
Planes.
Si algo produce la nueva naturaleza otorgada por Jesús a nuestras vidas es un cambio total de
perspectiva de la vida en general. Mientras el objetivo que nuestra naturaleza carnal ha alimentado está
orientado hacia metas superficiales e intrascendentes, la naturaleza conforme a la voluntad de Dios nos
hace enfocarnos en aquellas cosas que teniendo un valor infinito y una temporalidad eterna nos brindan
la plena realización a nuestra existencia.
No se trata que se pierda el deseo de superación y desarrollo profesional, económico o familiar, sino
todo lo contrario. Es reencausar el enfoque de aquello que hacemos y vivimos diariamente con el objetivo de glorificar a Dios por medio del
cumplimiento de la obra que nos ha sido asignada a cada uno.
Reafirmar nuestra identidad en Cristo es reencausar nuestro planes y ajustar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Es desear que se haga la
voluntad de Dios en el pleno convencimiento que es lo mejor para nuestras vidas y nuestro alrededor. Ajustar nuestros planes a los de Dios es al
mismo tiempo desarrollar la confianza plena que si los planes de Dios se llegan a caer, nuestra vida se cae juntamente con ellos; pero en la seguridad
que los planes de Dios son de paz y bien siempre existe una garantía sagrada sobre nuestra vida que el bien y la misericordia nos seguirán todos los
días de nuestra vida.
Palabras.
Cuando el corazón nuevo que Jesús ha depositado en nuestra vida se ha alimentado de la forma correcta en la búsqueda de
conocer más de Dios con el objetivo de dejar que fluya a través nuestro, nuestras palabras se vuelven en una evidencia real de lo
que ha acontecido en nuestro interior.
EFE 4:29 No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del
momento, para que imparta gracia a los que escuchan.
Aquellas expresiones de derrota o maldición que pudieron haber sido frecuentes en nuestra vieja naturaleza se ven transformadas
y desechadas por palabras de bendición y victoria. Las expresiones de edificación vienen a reemplazar aquellas que pudimos
haber proferido para destruir. Palabras de unidad son antepuestas sobre las que pretendían causar división. Nuestra nueva
naturaleza busca una manera de expresarse y lo logra a través de las palabras de vida que ahora a recibido gracias al favor y misericordia por parte
de Dios.
Acciones.
Haber dejado este punto de último no es una casualidad. Erróneamente nuestra naturaleza carnal intenta por todos los medios de hacer correcciones
en nuestros errores visibles, sin entender que todo esto tiene un trasfondo de lo que hay en nuestro interior. Pretender cambiar los hábitos externos
sin haber operado previamente un cambio interno se convierte en un absurdo que tarde o temprano conducen esos desaciertos a una frustración
enorme. Por tal razón es importante recalcar que todo cambio en las acciones externas es un simple resultado de los cambios que internamente se han
dejado realizar.
Dios no está interesado en cambiar únicamente aquellas prácticas que nos perjudican. El cambio más importante que quiere realizar, porque saber que
es el que produce los resultados deseados, los definitivos, es el de nuestro corazón. Cuando nuestro corazón cambia es únicamente cuestión de
tiempo para empezar a ver resultados en la forma de actuar y conducirse del ser humano. Transformar los hábitos es una consecuencia de un
proceso de obediencia y ajuste del ser interior a la voluntad de Dios.
Llevar a la práctica las enseñanzas de Jesucristo se vuelve algo natural en el diario vivir cuando al reafirmar
nuestra identidad en Él reconocemos en nuestro interior que algo nuevo se ha depositado. Tener la plena
certeza que hay un nuevo corazón en nuestra vida, que una naturaleza renovada ha sido depositada dentro
nuestro nos otorga el respaldo necesario para vivir en plenitud conforme a los planes de Dios. Si usted ha
recibido el regalo otorgado por Jesús en la cruz del calvario cuenta con el privilegio de ser un nuevo ser.
Una persona renovada y con un llamado a vivir plenamente, en victoria, capaz de serle obediente y agradable
a un Dios que busca lo mejor para usted. Si aún no ha desarrollado el potencial que hay dentro suyo ¿Qué espera?
Continuará….